11 de octubre de 2017

AMOR CONDENADO

Se me sale el amor por la boca
y se derrama por el suelo.
¡Pobre de mí!
Que el amor me destroza,
mas cuando sale de mi boca
y otro lo lleva,
me quedo triste y sola
llorando en desconsuelo;
vacía me siento,
sin amor me quedo
y con toda la pena.
Aprendo entonces,
que mi sino está aclarado
ante semejante paga;
no es otro
que sonreír al mundo
y amar callado.
Amor que duele,
amor condenado.



18 de julio de 2017

EN FEMENINO

     Había roto todos los principios en los que basaba su idea del amor. Sencillamente, se los había pasado por el forro. Se prometió a sí misma, que jamás volvería a cometer el mismo error y sin embargo, ya era la tercera vez. Juró por lo más sagrado que no volvería a sufrir por amor. Pero sobre todo, se prometió a sí misma que jamás volvería a enamorarse de un imposible. Pero no. No solamente había sucumbido de nuevo sino que, lo había hecho por la puerta grande. A la mierda los principios; el amor llega cuando llega y lo hace sin avisar, sin llamar, sin darte tiempo casi a preguntarte qué cojones ha sido eso. Llega y punto. Y tú no lo eliges. Solo te haces preguntas absurdas del tipo 'cómo no lo he visto venir', 'por qué ahora' o 'por qué me he tenido que ir a fijar en esa persona precisamente'.... Pero la cosa no terminaba ahí. No señor. Había que ponerle más emoción si cabe, al asunto. Ella, que habría jurado por lo más sagrado que aquello no podía ser; ella, que siempre había creído tener las ideas claras y en su sitio,.... Ahora se preguntaba justo eso; cuál era la claridad de sus ideas y qué sitio era ese. Ella,..... se había fijado en una chica.
Durante un tiempo y por determinadas circunstancias, se había planteado la duda sobre su propia sexualidad. Hasta que alguien le hizo la pregunta clave; '¿Te gustan los chicos?, sí. ¿Te gustan las chicas?'.... Silencio. Solo silencio. Aquel silencio fue tan natural como sincero y sólo así la verdad cayó por su propio peso. Y comenzó a hacerse muchas preguntas, de las cuales, muchas aún no tienen respuesta. Se preguntó por qué con casi cuarenta años le pasaba esto y no cuando fue una adolescente, que habría sido lo más lógico,... o no. No lo sé. Quizá su vida navegaba por otros mares y su cabeza ni siquiera lo razonaba, porque sencillamente, estaba omitido, y solo muchos años después, cuando las circunstancias fueron otras y el giro de 180 grados, solo entonces, lo que estaba omitido salía a la luz. De pronto, comenzó a comprender ciertos aspectos de su vida. Declarándose bisexual muchas cosas encajaban como un puzle y otras adquirían una nueva dimensión con otra luz y otro color. Pero también aparecían el miedo al rechazo por los suyos, el miedo a lo desconocido y se sentía identificada con otras personas. Se preguntó si no habría sido una pura sugestión, una película mental tan bien contada que se había metido en ella,.... Pero no. Cuantas más vueltas le daba, y le daba muchas, más nítido lo veía. Así que, ahí estaba ella; dilucidando sobre sus propios sentimientos y escribiendo cartas de amor, por llamarlas de alguna manera, que nunca entregaría.
Se prometió a sí misma tantas cosas, que juró no volver a prometerse nada. Las promesas, o se cumplen o no se prometen. A la mierda los principios.

16 de mayo de 2017

ELEMENTOS DE SUSTENTACIÓN


      Llevaba una libreta de esas de tapa dura y un bolígrafo. Caminaba por el pasillo entre los bancos, mirando hacia arriba, observando la bóveda de la nave central minuciosamente. Cada arco, cada dovela, cada ménsula, cada pilar,…Recordó de pronto aquellos besos robados junto a las escaleras de una de las capillas, lo que le provocó una ligera sonrisa con tinte amargo. Bajó la vista para anotar algo pero dudó y no lo hizo. Siguió caminando por las naves laterales realizando la misma operación. Alzó de nuevo la mirada hacia arriba y estudió con detenimiento los mismos elementos de sustentación. Continuó caminando hacia el lado occidental, hacia los pies del edificio, y se paró junto al parteluz. Durante todo el proceso estuvo acompañada por sus alumnos del curso breve de Historia del Arte que ella misma impartía en el centro cultural de la localidad. Habría jurado ver su pelo rubio entre las cabezas del grupo; su subconsciente y su corazón le jugaban malas pasadas.
     -Esta iglesia tiene, aproximadamente, unos mil años y, si no me equivoco, está condenada a venirse abajo -soltó aquellas palabras con una seguridad pasmosa, de manera taxativa-. Las cargas de las cubiertas están tan mal distribuidas y los arcos están tan mal hechos, que éstos acabarán cediendo hasta que la gravedad termine de hacer el resto. Pero este edificio se pensó para que perdurase a lo largo de los siglos, se planteó con un principio, un objetivo y ningún final.
      Cuando terminó la clase práctica de aquella tarde y todos se hubieron marchado, se quedó sentada en el suelo bajo el parteluz, viendo como los vitrales de colores apuraban a colorear los últimos rayos de sol. Y pensó en lo difícil que era destruir un edificio medieval de mil años... Mil años. Se dice pronto. Y sin embargo, qué fácil era destruir el amor que sentía, qué fácil era derribar bóvedas de pasión, arcos de caricias y pilares de besos eternos... Lloró mientras se reconocía a sí misma que su amor siempre tuvo un principio, un objetivo y por supuesto, un final.