18 de julio de 2017

EN FEMENINO

     Había roto todos los principios en los que basaba su idea del amor. Sencillamente, se los había pasado por el forro. Se prometió a sí misma, que jamás volvería a cometer el mismo error y sin embargo, ya era la tercera vez. Juró por lo más sagrado que no volvería a sufrir por amor. Pero sobre todo, se prometió a sí misma que jamás volvería a enamorarse de un imposible. Pero no. No solamente había sucumbido de nuevo sino que, lo había hecho por la puerta grande. A la mierda los principios; el amor llega cuando llega y lo hace sin avisar, sin llamar, sin darte tiempo casi a preguntarte qué cojones ha sido eso. Llega y punto. Y tú no lo eliges. Solo te haces preguntas absurdas del tipo 'cómo no lo he visto venir', 'por qué ahora' o 'por qué me he tenido que ir a fijar en esa persona precisamente'.... Pero la cosa no terminaba ahí. No señor. Había que ponerle más emoción si cabe, al asunto. Ella, que habría jurado por lo más sagrado que aquello no podía ser; ella, que siempre había creído tener las ideas claras y en su sitio,.... Ahora se preguntaba justo eso; cuál era la claridad de sus ideas y qué sitio era ese. Ella,..... se había fijado en una chica.
Durante un tiempo y por determinadas circunstancias, se había planteado la duda sobre su propia sexualidad. Hasta que alguien le hizo la pregunta clave; '¿Te gustan los chicos?, sí. ¿Te gustan las chicas?'.... Silencio. Solo silencio. Aquel silencio fue tan natural como sincero y sólo así la verdad cayó por su propio peso. Y comenzó a hacerse muchas preguntas, de las cuales, muchas aún no tienen respuesta. Se preguntó por qué con casi cuarenta años le pasaba esto y no cuando fue una adolescente, que habría sido lo más lógico,... o no. No lo sé. Quizá su vida navegaba por otros mares y su cabeza ni siquiera lo razonaba, porque sencillamente, estaba omitido, y solo muchos años después, cuando las circunstancias fueron otras y el giro de 180 grados, solo entonces, lo que estaba omitido salía a la luz. De pronto, comenzó a comprender ciertos aspectos de su vida. Declarándose bisexual muchas cosas encajaban como un puzle y otras adquirían una nueva dimensión con otra luz y otro color. Pero también aparecían el miedo al rechazo por los suyos, el miedo a lo desconocido y se sentía identificada con otras personas. Se preguntó si no habría sido una pura sugestión, una película mental tan bien contada que se había metido en ella,.... Pero no. Cuantas más vueltas le daba, y le daba muchas, más nítido lo veía. Así que, ahí estaba ella; dilucidando sobre sus propios sentimientos y escribiendo cartas de amor, por llamarlas de alguna manera, que nunca entregaría.
Se prometió a sí misma tantas cosas, que juró no volver a prometerse nada. Las promesas, o se cumplen o no se prometen. A la mierda los principios.

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